La eliminación de la selección de Costa Rica del Mundial 2026 ya fracasó y el naufragio del fútbol costarricense es total. Sin anestesia, sin matices, sin salvar las matemáticas.
Y como dicta el manual del Fútbol Tico -un guión raído que nadie se atreve a cambiar- lo primero que surge no es una verdadera autocrítica, sino un comunicado de prensa de actitud vacía, donde la Fedefetbol declara a Miguel. una moneda de diez centavos Herrera No continuar como técnico nacional
Texto organizacionalBañado de solemnidad y cubierto de argamasa burocrática, «lamenta profundamente no haber logrado la clasificación», augura «esta eliminación con responsabilidad» y anuncia la activación de un «proceso de análisis profundo sobre aspectos deportivos, estructurales y operativos». Todo para «fortalecer el modelo de selección nacional», «optimizar la captación de talento» y «garantizar una planificación más sólida».
Traducido al lenguaje terrenal: más. De Lo. Mismo.
El mismo montón que escuchamos siempre. Es un sermón tan repetitivo que ya tiene derechos de autor. El mensaje es claro: la casa se ha quemado, pero vamos a seguir redecorando la habitación.
Un cambio que nunca llega
Ni una palabra –en serio, ni una sola– sobre los problemas que realmente están pudriendo el hermoso deporte en Costa Rica:
- Líderes arraigados durante décadas.
- El abandono histórico de las ligas menores.
- Penetración de capital de origen muy dudoso.
- Amaño de partidos, tiempo compartido e intereses secundarios.
- Opacidad en la toma de decisiones.
- Ausencia de planificación país en el fútbol.
¡No hay nada de eso!
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Fedefútbol promete «análisis profundo», pero nunca toca la estructura que les garantiza poder, privilegios y gastos de viaje en clase ejecutiva. La estructura es su hábitat.
Esto es el «gatopardismo» en su máxima expresión.
Y si algo queda claro tras esta eliminación es que técnicos no faltan en el fútbol tico: falta valentía, visión y limpieza.
Del Mesías al Rayo
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La prensa, siempre ávida de noticias rápidas, se involucró en una devoción instantánea. Apenas llegó Herrera lo bañaron en incienso: su carácter, su jerarquía, su estilo machista.
Hoy la misma prensa lo ha destrozado sin piedad.
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La débil memoria del ecosistema mediático olvida que lo obvio nunca se notó: Herrera es sinónimo de escándalo, palabrería fácil y testosterona desbordante.
Fue el 27 de julio de 2015, en Filadelfia, cuando disparó contra el periodista Christian Martinoli.
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Pero aquí lo aceptamos como el Buda azteca del fútbol.
Ahora, una vez completada la eliminación, necesitamos encontrar al culpable visible para erradicar el fallo. Y una moneda de diez centavos Es perfecto para ello: es ruidoso, es extranjero, no sabe «leer» los juegos y, ¡sorpresa!, tiene un mal historial. Esta es la coartada perfecta para que la estructura siga intacta y la fiesta continúe.
Cuentas de nunca jamás
En cada eliminación se calcula «cuántos millones de dólares perdió el país» con la perorata del Gurú. Una auténtica fiesta de estadísticas deportivas.
Pero la realidad es abrumadora:
- Qatar ingresó 9 millones de dólares en 2022.
- En Rusia 2018, otros 8 millones de dólares.
- Italia 90 recaudó 40,9 millones de dólares.
¿El resultado? Nada ha cambiado. Las infraestructuras, la captación de talentos, la tecnología real, las ligas menores, el fútbol femenino y el arbitraje adormecieron a los moralistas.
¿Alguien realmente puede garantizar que 16 millones de dólares en 2026 se utilizarán para algo más que mantener el status quo?
Aquí no lloramos por el fútbol. Lloró porque la gallina que puso aquí el huevo de oro no lo puso esta vez.
Y duele aún más porque este es el Mundial «más fácil» de la historia para clasificarse: sin México, sin Estados Unidos, sin Canadá en las eliminatorias. Y ni siquiera eso.
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Triángulo de poder
El presidente de Cartagena, Leonardo Vargas, la rompió Omertá Y lo dijo claro: el Comité Ejecutivo de Fedefútbol es un triunvirato donde sólo tres personas concentran el poder real:
Multimillonario, buen empresario, pero sin experiencia en gestión deportiva. Un líder por afición. Y, como es norma aquí, aprenderá, en todo caso, con su billetera.
Mientras tanto, sigue pidiendo a los medios de comunicación que intenten silenciar a los pocos periodistas que lo cuestionan porque, en su lógica totalitaria, la crítica equivale a un crimen.
Ex jugador, entrenador, presidente del club (Herediano), capitán senior de primera división, comité ejecutivo de la federación y comisión de la selección nacional. Todo al mismo tiempo.
Un hombre que siempre fracasa y cuya influencia es omnipresente, ya forma parte del mobiliario del fútbol nacional. Según Vargas, Maroto es el único que tiene el poder de hablarle al oído.
Líderes perpetuos de la segunda división, ha logrado venderse a pesar de aportar muy poco al fútbol costarricense. Es un buen ejemplo de líder mesiánico que se considera indispensable y, por eso, está llamado por la providencia a perpetuarse como el poderoso vicepresidente de la Fedefutbol.
Y mientras disfrutas de todo esto, aprovecha para disfrutar de viajes internacionales a conferencias, reuniones, fiestas, asambleas etc. Y quién se lo podría llevar: Quizás aparezca una silla vacía en FIFA, Concacaf o UNCAF en alguna de esas giras protocolares. Así, el fútbol, más que una pasión, se considera un trampolín.
Análisis profundo
Aplicando el sociólogo francés Pierre Bourdieu -porque alguien tiene que poner teoría en este circo- lo que tenemos, gracias al aura simbólica de la selección nacional, es un estadio deportivo capturado por élites que acumulan capital social, político y económico.
De esta manera no se gestionan todos los fallos: se gestionan. Un técnico no se valora: se sacrifica. El Mundial no fue planeado: se expresó.
La estructura reproduce su propia mediocridad. Y hasta que eso cambie, el técnico siempre será anecdótico.
La farsa continúa
el se fue una moneda de diez centavos. El Mundial se acabó. Pero los verdaderos artífices del colapso permanecen en sus sillas acolchadas, tomando decisiones a puerta cerrada, protegidos por un sistema diseñado para perpetuarse y en el que prevalece una total falta de transparencia.
El futuro del fútbol tico no depende de que millones de personas lleguen y lleguen. Depende de que algún día tengamos el coraje de cambiar el patrón de alimentación de esos millones.
Hasta entonces, seguiremos recibiendo comunicaciones llenas de humo y gritando dólares imaginarios.
La selección nacional está fuera del Mundial. Pero peor aún: el fútbol costarricense aún está fuera de la realidad.

