Autor: Lorna Loob*
(EL JORNAL, 13 DE JULIO, COSTA RICA). La primera Bienal Centroamericana de Pintura se celebró en San José (Costa Rica) en 1971. Sin embargo, el jurado invalidó los premios nacionales de varios países, incluidos los de los países anfitriones. El incidente causó tal revuelo que se dice que el artista Rafa Fernández, también boxeador, agredió físicamente a José Luis Cuevas, uno de los miembros más vocales del jurado, durante la audiencia de sentencia.
El informe emitido sostuvo que: «… a pesar de la presentación de un nivel técnico aceptable en los casos de Lola Fernández, Rafael Fernández y Jorge Manuel Vargas, el uso excesivo tiene un uso superficial de recursos ya empobrecidos (el collage fotos, pistola de aire comprimido, frotageetc.)”. Asimismo, el jurado enfatizó que las pinturas costarricenses no tenían un propósito claro y no estaban relacionadas con el entorno social, político o humano de la época. ¿Cambiaría algo esta percepción si se considerara el arte contemporáneo?
La primera Bienal de Pintura de Centroamérica
Centroamérica II. Concebida como una de las principales actividades del Festival Cultural, la Bienal fue organizada por el Consejo Universitario Centroamericano (CSUCA), con el apoyo del recién creado Ministerio de Cultura de Costa Rica y otras instituciones públicas, en el marco de las celebraciones del sesquicentenario de la independencia de Centroamérica. Se realizó en septiembre de 1971, en la entonces nueva sede de la Biblioteca Nacional, en San José, y más allá de pintura, incluyó concursos de diferentes disciplinas, encuentros de escritores, lecturas de poesía, música y danza.
A la convocatoria asistieron artistas de países centroamericanos. Cada país realizó una preselección nacional de las obras que enviaría al concurso. Las fundaciones establecieron un Gran Premio Centroamericano, un galardón para cada delegación nacional y un Salón de Honor reservado para artistas invitados de reconocida trayectoria.
El jurado formado por la crítica Marta Traba de origen argentino, junto a los artistas José Luis Cuevas, Fernando de Szyszlo, Oswaldo Guayasamín y Armando Morales, reflejó la realidad política y social de Centroamérica, con una clara tendencia hacia obras rebeldes marcadas por el militarismo y la dictadura.
«¿Por qué Guatemala se tragó la bienal?» En la crónica, Traba justificó declarar desierto el premio para Costa Rica, Honduras y El Salvador, y calificó las obras costarricenses de «mediocridad invencible», limitadas a resolver importantes problemas técnicos sin un objetivo claro, sin responder a un destinatario y sin contenido social o político. Traba en cambio describió el trabajo Guatemala 71, Luis Díaz, ganador del Gran Premio, como «un acto de agresión expresado inteligentemente en un lenguaje contemporáneo» y, para ello, a través de recursos. estallido y el arte cinético, denunció el drama político-militar de Guatemala.
Latinoamericanidad, «pase»
Es importante señalar que en las décadas de 1960 y 1970, cuando nació esta competencia, el sentimiento de latinoamericanismo se fue desarrollando y tomando cada vez más fuerza. La victoria de la Revolución Cubana, en 1959, representó un verdadero punto de inflexión para América Latina, y llevó a Cuba a realizar un sentimiento integrador y antiimperialista, permitiendo pensar al territorio latinoamericano dentro de un mismo proyecto histórico, comprometido con la figura de Ernesto «Che» Guevara y la lucha revolucionaria continental sin fronteras nacionales.
La Conferencia Tricontinental celebrada en La Habana en 1966, donde los líderes y organizaciones de Asia, África y América Latina plantearon la existencia de una lucha compartida entre pueblos que habían sido colonias o seguían estando sometidos a otras formas, reforzó esta visión de que América Latina era parte de un movimiento global de liberación de los pueblos llamado Tercer Mundo. La situación mundial -la tensión de la Guerra Fría, la guerra de Vietnam y las huelgas iniciadas por estudiantes universitarios en varios países como México y Francia en 1968, etc.- también animó a los jóvenes a expresar su espíritu crítico y antiautoritario.
Artistas y estudiantes comenzaron a cuestionar no sólo el sistema político, sino también las estructuras académicas y los modelos estéticos imperantes. Entendieron el arte como un ejercicio político, un testimonio de su tiempo, una herramienta de crítica social y un agente transformador, caracterizado por el alejamiento de las escuelas clásicas, la experimentación, la crítica y el humor. Buscaban un arte latinoamericano comprometido y en sintonía con la Nueva Izquierda. No es casualidad que en esos años naciera una extraordinaria generación de escritores, como Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes y Eduardo Galeano, entre muchos otros, o el movimiento de la Nueva Canción de América Latina, con los artistas Mercedes Sosa, Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, entre otros.
Mientras tanto, en Costa Rica, bajo el gobierno libertador de José Figueres Ferrer, se impulsó un modelo de bienestar, un plan reformista para crear una sociedad informada: se creó el Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes (1970) y se reorganizaron o crearon instituciones como la Orquesta Sinfónica Nacional y la Compañía Nacional de Teatro.
La Bienal, así como el contexto internacional, generó un debate que muchos historiadores interpretarían luego como un punto de inflexión en el arte costarricense, alejándolo de la abstracción y el formalismo hacia una nueva figuración expresionista, crítica y comprometida.
¿Fue real y sostenible este cambio de dirección hacia un arte más crítico con su entorno? ¿O es que, si Marta Traba volviera a la vida, nos volvería a «trabar», acusándonos de complacencia, aislamiento y falta de diálogo con los problemas humanos y políticos actuales? ¿Será que frente al espejo terminaríamos repitiendo en su artículo de opinión uno de los concursantes de aquella bienal, César Valverde? «¡Dos años…, bueno, malo…!»?: «…Por paradójico que parezca, cuando recibí el resultado de la Primera Bienal de Pintura de Centroamérica, sentí una alegría inmensa, porque con el juicio se colocó la pintura de los artistas costarricenses en una dimensión precisa y justa, terminando con divisiones, delirios de grandeza o posiciones de genialidad…».
*Artista costarricense.
Referencias:
- Monge Picado, María José. Artes plásticas en los años setenta = Artes visuales en los años setenta. Fundación Museo del Banco Central de Costa Rica, 2019. [PDF]
- Valverde, César. «¡Dos años…, bueno, malo…!» la nación14 de noviembre de 1971, pág. 15
- Vindas Solano, Sofía. “La I Bienal Centroamericana de Pintura y la presencia de Marta Traba en la prensa costarricense y guatemalteca, 1970-1979”. Anales del Instituto de Investigaciones Estéticasel volumen 43, núm. 119, 2021, págs.287-328.
- Zamora Cascante, Diego. “La Primera Bienal de Pintura Centroamericana como Hito de la Producción Artística Costarricense”. Temas para nuestra revista Américael volumen 34, núm. 64 de 2018

