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Por qué la captura de Maduro puede tener más que ver con la inteligencia artificial que con el narcotráfico o la democracia – Al Día cr

San José, 4 de enero () – El 3 de enero de 2026 ya quedó marcado como un punto de inflexión en la política hemisférica. Ese día, el presidente estadounidense, Donald Trump, anunció que fuerzas estadounidenses habían capturado a Nicolás Maduro y su esposa durante una operación militar en Venezuela.

En su discurso posterior, Trump no sólo justificó la acción como una reacción contra un régimen acusado de crimen organizado: fue más allá. Declaró que Estados Unidos «gobernará» Venezuela «por ahora» y reiteró una importante idea económica que había pasado desapercibida en la vorágine inicial: la operación no costaría «ni un centavo» porque se financiaría con «dinero que saldría de la tierra».

El mensaje era explícito: El petróleo

La interpretación inmediata sugiere lo que se sabe: narcotráfico, seguridad hemisférica, política interna, ideología y poder. Todo esto está presente, pero no basta para explicar la urgencia, el lenguaje económico y sobre todo la voluntad de hablar de la administración directa de todo un país.

Para entender ese tono, y por qué está apareciendo ahora, hay que mirar en otra dirección: la transición silenciosa de la inteligencia artificial del software a la infraestructura física.

«La IA es más que una simple capa digital, es un problema industrial y cuando algo se vuelve industrial, automáticamente entra en la lógica del Estado, la energía y el territorio», explica Guillermo Salas Dalsaso, experto en transformación digital e implementación de inteligencia artificial.

De los algoritmos al mundo material

Durante años, la inteligencia artificial fue considerada algo intangible: modelos, algoritmos, texto, imágenes, productividad; fue la primera ola. El segundo, el que está evolucionando, no vive en la nube, vive en fábricas, centros de datos, redes eléctricas, sensores, chips, logística y energía.

Todo lo que hoy entendemos como “producto” va a cambiar. Un horno ya no es sólo un horno: integra cámaras y sensores, reconoce lo que hay en su interior, regula la temperatura y la humedad y cocina según las preferencias aprendidas. Una cafetera interpreta hábitos biológicos. Un dispensador de maquillaje analiza la piel y el clima. Los robots industriales ya no se limitan a ejecutar órdenes: coordinan, optimizan y toman decisiones.

Este futuro «inteligente» no depende de mejores incentivos, depende de infraestructura y mucha infraestructura.

«La IA no se alimenta de datos abstractos, se alimenta de kilovatios. El verdadero cuello de botella no es el talento ni el capital, es la energía disponible y constante», resume Salas Dalsaso.

La energía como nuevo eje de poder

La conversación pública sigue centrada en lo que la IA puede decir o crear, pero la limitación que reorganiza las decisiones gubernamentales es eléctrica. Centros de datos, transmisión, subestaciones, transformadores, agua de refrigeración, gas y energía nuclear.

La Agencia Internacional de Energía predice que el consumo de electricidad de los centros de datos globales se duplicará para 2030, impulsado en gran medida por la adopción masiva de la IA. En Estados Unidos, la informática ya es una cuestión estratégica: los centros de datos consumieron alrededor de 183 TWh en 2024 y podrían más que duplicar esa cifra antes de finales de la década.

«Cuando la IA empieza a competir por el poder y no sólo por la innovación, los países empiezan a pensar nuevamente como empresarios industriales y esto cambia la política exterior». añade el experto.

Venezuela como palanca estratégica

En este contexto, Venezuela deja de ser sólo un problema regional y se convierte en una palanca geopolítica.

El país tiene las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, pero hoy produce una fracción de su capacidad histórica debido al deterioro de la infraestructura, la falta de inversión y las sanciones. Parte de ese crudo pesado está respaldado por refinerías específicas, incluidas algunas en Estados Unidos.

Trump enmarcó la captura de Maduro con un argumento económico: la operación «se amortiza sola». Horas más tarde habló de inversiones multimillonarias por parte de empresas estadounidenses para reconstruir la industria petrolera. Los analistas advierten que una recuperación real requerirá años y grandes volúmenes de capital. No hay soluciones rápidas. Pero el mensaje es diferente.

«Hacia dentro se presenta como una inversión. A los mercados, como una promesa de suministro futuro. Y hacia los competidores, como una señal de control energético regional», subraya Dalsaso.

Es importante ser preciso: los centros de datos no funcionan con petróleo. Funcionan con electricidad. El vínculo entre AI y Venezuela no es técnico, es estructural. El petróleo sigue siendo una variable central del sistema global: financia a los estados, estabiliza las economías, define los márgenes industriales y las condiciones geopolíticas.

Cuando un líder insiste en que una intervención se pague con recursos naturales, fija el marco económico de la decisión. «No es sólo un argumento político, es una señal estratégica», añade Salas.

Los costes invisibles del futuro inteligente

Esta conferencia no es una defensa de la operación, sino más bien una explicación del clima que la hace concebible. Los expertos en derecho internacional ya cuestionan la coherencia de presentar la acción como una «detención» al hablar de la administración política de un país. Casos precedentes.

Cuando la infraestructura y la energía se convierten en sinónimos de liderazgo tecnológico, crece la tentación de tratar los recursos como botín estratégico. Y cuando se cruza con la política interna, el resultado puede ser explosivo.

«El futuro inteligente se está construyendo con recursos del siglo XX, metal, energía, territorio. La diferencia es que esos recursos ahora alimentan algoritmos», concluye Salas Dalsaso.

Por tanto, la captura de Maduro tiene más que ver con inteligencia artificial que con narcotráfico. La tecnología no explica una operación militar, la tecnología y lo que se necesita para desarrollarla revela el tipo de economía que ya está en marcha.

La inteligencia artificial es una promesa y esa promesa está reescribiendo la geopolítica global.