
A tres años de la desaparición de la bebé Keibril Amira García Amador, el caso sigue siendo una herida abierta para Costa Rica.
No solo porque la niña nunca apareció, sino porque, según el periodista Rodolfo Martín, todavía habría personas que supieron la verdad y decidieron guardar silencio.
«Hay gente que sabe lo que pasó y tal vez incluso sabe dónde está el bebé y que prefiere quedarse en silencio», dijo Martín durante una entrevista con este medio relacionada con el libro. Vasos de guijarros, hundidos en silencio..
Se trata de una investigación periodística que él y su colega Ronald Moya desarrollaron durante más de tres años.
El libro está disponible en los números 8841-5999, 8306-5783 y 6057-9611 a un precio de ¢12.000.
Quienes deseen recibirlo fuera del domicilio de los autores deberán pagar ¢3.500 adicionales por concepto de envío a través de Correos de Costa Rica.
El caso Keibril
Keibril desapareció el 9 de abril de 2023 en Cervantes de Cartago cuando apenas tenía nueve meses. Según la investigación judicial, la bebé fue sacada de los brazos de su madre, que entonces tenía 12 años.
El principal sospechoso del caso, Hugo Casasola Salas –padre biológico de la menor y padrastro de la madre de la niña– fue sentenciado en noviembre de 2024 por el Juzgado Penal de Cartago a una pena total de 79 años de prisión.
(Archivo de foto/The Observer)
Esto sucedió después de que fuera declarado culpable de varios delitos, entre ellos violación y secuestro de niños.
A pesar de la sentencia, sin embargo, la mayor laguna del caso sigue intacta: Keibril nunca apareció.
«Un silencio infame y cruel»
Para Martín, una de las partes más devastadoras de toda la investigación no fue solo la violencia detrás de los hechos, sino la posibilidad de que otras personas supieran qué pasó realmente con el bebé.
«¿Cómo pueden estas personas mantener este secreto tres años después, como si la vida de ese bebé de nueve meses no importara?» preguntó el periodista.
Según explicó, el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) mantiene la tesis de que está claro lo que pasó el 9 de abril de 2023. Lo que aún no está resuelto es dónde está la niña.
“Lo único que queda por saber es dónde está”, insistió.
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Una investigación de más de tres años
El libro nació de un extenso trabajo periodístico que incluyó expedientes judiciales, informes policiales, documentos del Patronato Nacional de la Infancia (PANI), intervenciones telefónicas, testimonios y visitas de campo.
Aún cuando la publicación ya estaba entrando en imprenta, Martín y Moya recibieron nueva información que consideraron tan relevante que decidieron incluirla a modo de epílogo.
Martín calificó el proceso como una investigación «muy delicada», desarrollada además bajo una premisa clara: evitar el morbo y proteger a las víctimas.
«Bajo ninguna circunstancia podemos caer en el sensacionalismo ni victimizar aún más a las víctimas», afirmó.
Por ello, explicó, cambiaron los nombres de algunos menores y mantuvieron un contacto respetuoso con los familiares de Keibril durante la elaboración del libro.
El libro fue escrito por los periodistas Rodolfo Martín y Ronald Moya. (Foto cortesía).
El caso que expuso fallas institucionales
La investigación también revive uno de los puntos más sensibles que dejó el juicio: los cuestionamientos a las instituciones responsables de la protección de menores vulnerables.
Martín recuerda declaraciones vertidas durante el debate judicial por la fiscal de género Edith Morera, quien sostuvo que el PANI habría tenido «cinco oportunidades» para intervenir antes de la tragedia.
Según esta tesis, la madre menor de edad de Keibril -que era víctima de abuso desde los 11 años- podría haber sido trasladada a un centro de acogida y alejada del entorno donde se encontraba el agresor.
«Si esa niña hubiera estado en un centro de acogida, la historia podría haber sido diferente», resumió el periodista.
«Este no es un hecho aislado»
Más allá del caso concreto, Martín cree que la desaparición de Keibril expuso un problema mucho más profundo en Costa Rica: la violencia persistente contra niñas y menores.
«Nos metemos la cabeza en un hoyo para no ver qué les pasa a nuestras niñas», afirmó Martín.
Para él, lo ocurrido en Cervantes no fue un hecho aislado, sino más bien una señal alarmante de fracasos familiares, institucionales y sociales que siguen sin resolverse.
Y mientras el país sigue esperando respuestas, la principal esperanza de Martín es que el libro pueda remover conciencias e incluso ayudar a romper el silencio.
«Quizás alguien que lea esto pueda ayudar a localizar al menor y hacer justicia definitiva a este caso», concluyó.

