Nacionales

El cáncer de próstata sigue matando a hombres en Costa Rica – Al Día cr

«Estoy vivo porque me hicieron un tacto rectal», dijo sin reservas José Solano, de 73 años, sobreviviente de cáncer de próstata.

Y agregó: «Uno, por machismo, no se hace las pruebas que debe hacerse… y mata. Si no me hubiera hecho la prueba, probablemente no estaría aquí».

La historia de José no se queda aislada más allá de “movember”, una campaña anual que se celebra en noviembre para concienciar sobre la salud masculina, tanto física como mental.

Cada año, más de 1.700 hombres en Costa Rica son diagnosticados con cáncer de próstata.

En 2023, la enfermedad se cobró la vida de 485 hombres, un aumento respecto al año anterior, según datos del Ministerio de Salud y del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC).

A pesar de que desde 2014 existe una norma nacional que establece la prueba anual del antígeno prostático específico (PSA) y el tacto rectal a partir de los 40 años, la mayoría de los casos se detectan en estadios avanzados, cuando las posibilidades de curación disminuyen.

La diferencia entre la vida y la muerte por cáncer de próstata

El cáncer de próstata es asintomático en sus etapas iniciales, por lo que sólo puede detectarse mediante exámenes de control. Cuando se identifica tempranamente, la tasa de supervivencia puede superar el 90%.

Por otro lado, cuando se diagnostica en estadios avanzados, las opciones de tratamiento curativo se reducen drásticamente y la calidad de vida se ve afectada.

En Costa Rica, el 66% de las muertes por esta enfermedad en 2022 ocurrieron en hombres mayores de 75 años, clara evidencia de diagnóstico tardío.

«La detección temprana es la herramienta más poderosa que tenemos. Un examen oportuno puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. El mejor pronóstico se logra con un diagnóstico oportuno», explica Liliana Torres, destacada internista en oncología y portavoz de Bayer.

Para una detección temprana, existen dos pruebas que salvan vidas: El PSA (antígeno prostático) y el tacto rectal son herramientas complementarias e imprescindibles para la detección precoz:

  • El PSA es un análisis de sangre que mide la concentración de una proteína producida por la glándula prostática.
  • El tacto rectal permite al médico identificar cambios que pueden no reflejarse en el PSA.

Realizados en conjunto aumentan significativamente la posibilidad de detectar la enfermedad antes de que aparezcan los síntomas, enfatizó el especialista.

«Cuando los hombres son controlados a tiempo, la diferencia es enorme: el cáncer de próstata suele detectarse en etapas tempranas y la supervivencia supera el 90%.

«En cambio, quienes llegan tarde enfrentan procesos más difíciles y mayor sufrimiento. Hacerse el antígeno prostático o el tacto rectal es un acto de valentía. Se decide hoy por más años de vida, por calidad y por los que uno ama», dijo Lilliam Vásquez de Fundacáncer.

El caso de Don José

Don José recuerda el día que recibió su diagnóstico: “Sentí miedo, sí, pero también alivio. Saber esto a tiempo me permitió actuar. El tratamiento fue difícil, pero estoy aquí acompañando a otros hombres para que no esperen tanto como yo”.

Esta evidencia materializa lo que ya advierten las cifras: la detección temprana salva vidas y reduce los tratamientos invasivos.

Según la Organización Mundial de la Salud, cuando el cáncer se localiza en la próstata, la tasa de supervivencia a diez años puede superar el 90%.

Los principales factores de riesgo del cáncer de próstata son:

  • Edad: el riesgo aumenta significativamente después de los 50 años.
  • Antecedentes familiares: Tener un padre o un hermano con cáncer de próstata duplica el riesgo.
  • Etnia: Los hombres afrodescendientes tienen mayor incidencia y mortalidad.
  • Estilo de vida: las dietas ricas en grasas saturadas y el sedentarismo aumentan la probabilidad de desarrollar la enfermedad.

El costo de no prevenir es alto. En etapas avanzadas, el cáncer puede extenderse a los huesos y otros órganos, provocando dolor, discapacidad y pérdida de esperanza de vida.

Además del componente médico, la conversación sobre el cáncer de próstata también debe abordar las barreras culturales que impiden a muchos hombres cuidar su salud.

En este sentido, Torres destaca la importancia de superar los prejuicios asociados a la masculinidad tradicional, que todavía llevan a muchos hombres a evitar las consultas médicas o a no hablar abiertamente de su cuerpo.

«El apoyo emocional de la familia, la promoción de exámenes periódicos y una discusión abierta sobre la salud son factores que pueden salvar vidas», subrayó.