
El pasado miércoles 14 de enero fueron encontrados los cadáveres de 10 jabalíes, que fueron sacrificados en la Reserva Forestal Golfo Dulce, en la Península de Osa, al sur de Costa Rica.
El grupo organizado Monitoreo Biológico Comunitario de Rancho Quemado presentó la denuncia a través de las redes sociales.
Su intención es explicar que las actividades cinegéticas continúan en la comunidad de Vanegas, que limita con la reserva. Esto a pesar de que es una especie en peligro de extinción.
Además, el grupo quiere que el Sistema Nacional de Áreas de Conservación (Sinac) investigue este problema, principalmente para dotar de más personal al refugio.
Según denuncia del grupo, actualmente hay dos guardaparques en 149.500 hectáreas. Además, el refugio linda con parques nacionales como el Corcovado o Peñas Blancas.
El descubrimiento de los animales.
Desde 2015, el Movimiento Biológico vigila las manadas de cerdos de montaña y otros animales en el lugar. El objetivo era aumentar el número de estos individuos en medio de este momento crítico de su existencia. Y así lo hicieron, pasaron de 50 cerdos a 350 según los recuentos más recientes.
Algunos de ellos viven en Rancho Redondo, comunidad donde se realiza un seguimiento continuo de esta especie. Sin embargo, otros deciden mudarse a otras comunidades, como Vanegas.
El miércoles anterior los tuvieron en zona de vigilancia durante la mañana. Pero por la tarde, alrededor de las 15, el Movimiento Biológico recibió una alerta de que se encontraban en Vanegas. Cuando llegaron, los animales ya estaban muertos.
Se encontraron 10 cadáveres: 9 adultos y 1 juvenil. Los cazadores se llevan la carne, que utilizan después.
La presidenta del comité de seguimiento, Yolanda Rodríguez, dijo a este medio que aún no saben el número exacto de animales muertos. En un ataque como este es normal que otras personas resulten heridas, por lo que puede haber más víctimas. No se volvió a ver a la manada junta, ya que es posible que aún esté desorientada.
Esta es la imagen de los cerdos salvajes que fueron sacrificados hace unos días (Foto cortesía/Monitoreo Biológico Comunitario de Rancho Quemado).
No visto desde 2008
Una situación así no se producía desde 2008, cuando fueron sacrificados 70 animales de este tipo. Desde entonces, se inició el trabajo comunitario para prevenir estas masacres, hasta que en 2015 se fundó el correspondiente movimiento de seguimiento.
El Sinac elaboró un informe de lo sucedido. La denuncia ya fue presentada ante el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) y el Ministerio Público.
«Hay muy poca voluntad de trabajar en esto (por parte del Sinac). El funcionamiento de la institución aquí en la reserva está muy debilitado, totalmente. Es increíble», dijo Rodríguez.
El portavoz explicó que este tipo de acciones dañan todo el ecosistema. Los cerdos monteses desempeñan funciones como la dispersión de semillas, la regeneración del suelo y la dieta principal del jaguar.
Cerdos monteses: importancia y amenazas
Los cerdos monteses (Tayassu pecari), también conocidos como pecaríes de labios blancos, son mamíferos artiodáctilos de la familia Tayassuidae.
Son similares a los jabalíes, pero originarios de América, con pelaje áspero de color negro grisáceo, hocico cartilaginoso blanco y pesan entre 30 y 60 kg.
Estos animales viven en grandes manadas (hasta cientos) en los bosques tropicales húmedos. Actúan como dispersores de semillas removiendo tierra en busca de frutos, raíces e insectos, regenerando bosques y mejorando suelos.
Cerdos de montaña capturados en el Pacífico Sur (Fotografía cortesía/Nito Paniagua).
Pero también sirven como presa clave para jaguares y pumas, manteniendo así el equilibrio en las cadenas alimentarias.
Esta especie sufre varias amenazas en Costa Rica:
Caza ilegal: Para carnes y trofeos con perros; Sólo persisten en parques como Tortuguero y Corcovado.
Deforestación: Pérdida de hábitat virgen; limitado a menos de 1.500 metros de altitud en áreas protegidas.
Fragmentación: Rebaños aislados que son vulnerables a la extinción local. Tanto es así que están clasificados como «vulnerables» por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.
Foto de portada cortesía de Nito Paniagua

