Partido entre Saprissa y Puntarenas en la primera fecha del torneo Caduca en 2026Organizado el martes 13 de enero de 2026, fue más que un típico partido de fútbol, pues mostró falta de transparencia, teniendo a Henry Bejarano como campeón y guía.
Es, sin que muchos lo noten, una parte importante del teatro en que se ha convertido el fútbol costarricense, donde prevalece una alergia patológica a la negación, el encubrimiento y la transparencia.
La acción quedará grabada en la memoria colectiva de nuestro deporte. El mediocampista argentino Mariano Torres fue expulsado tras un acalorado intercambio con el árbitro central William Matus Vargas.
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Audio desnudo para la mediación
Hasta ahora, casi una postal icónica de nuestro fútbol. Pero el verdadero escándalo no fue la tarjeta roja, sino el audio ocurrido poco antes, en el que el denunciante utilizó un lenguaje inapropiado, ofensivo y con una temática indudablemente xenófoba.
Entre otras sutilezas, llamó al jugador «argentino». El resto es mejor que todos lo escuchen bajo su propia responsabilidad en el vídeo a continuación.
La grabación fue transmitida. Comisión de ArbitrajePresidió el chileno-mexicano Enrique Osces. Y aquí el Fútbol Tico, fiel a su tradición, decidió pegarse un tiro en el pie.
Y el enojo de un sector de la comunidad costarricense no se centró en el audio en sí, sino en su difusión. En otras palabras, el pecado no es la palabra, sino el micrófono. Lo grave no es el insulto que el denunciante dirigió al futbolista, sino el hecho de que alguien se atreviera a hacer pública la conversación.
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El problema no es la vergüenza, sino que te lo pidan
Aquí es donde entra en juego el ex árbitro y actual analista Henry Bejarano con dedo acusador y palabra despectiva.
La reacción de este ex árbitro fue tan reveladora como alarmante. Bejarano considera que el «grave error» del episodio no fue el comportamiento del árbitro, sino la decisión de transparentarlo. «Hay que cuidar al árbitro», dijo, refiriéndose a Matus como un ser frágil, incapaz de asumir la responsabilidad de sus acciones.
Corporativismo arbitral desnudo
Y Bejarano siguió adelante. Apeló a una metáfora paternal: el presidente de la comisión debe proteger al jurado «con amor y cariño».
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Esta frase, quizás sin querer, revela un problema estructural de la intervención nacional: el corporativismo.
Si levantamos el velo, vemos la lógica detrás de esto: el organismo arbitral se defiende sugiriendo un relativismo inaceptable.
El colofón llegó cuando admitió, sin ningún pudor, que estaba «enojado» y «metido la pata» con los jugadores cuando ejercía como árbitro.
No lo dijo como autocrítica, sino como justificación histórica: fue: «Todos lo hemos hecho».
Novela «Siempre ha sido así»
Esto muestra la trampa cultural que existe en todo este episodio, porque si todos lo hacen, nadie es culpable. Y, siguiendo el argumento: si siempre ha sido así, no hay nada que arreglar.
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Por eso, Bejarano considera verdaderamente «una barbaridad» que el audio se haya hecho público porque, según este razonamiento, es un concepto muy bueno cuando se esconde debajo de la alfombra, cuando el público no escucha, cuando se levanta rendición de cuentas en las aulas, pero inútil en la práctica.
Es por esto que los audios del VAR en Costa Rica no se transmiten en vivo, como sí lo hacen en otros torneos como la Copa Libertadores, lo que demuestra la falsedad del argumento aquí presentado porque la FIFA lo prohíbe.
El problema no es el error, es ocultarlo
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Lo más grave de todo esto es la crónica falta de transparencia que carcome el fútbol costarricense. No sólo en el arbitraje, sino en casi todos sus ámbitos y entornos.
La transparencia no debe entenderse como un castigo (creo que eso justifica la reacción de Bejarano, quien se rió cuando a Matus le dijeron “no está castigado” porque fue nombrado en el VAR en la segunda fecha de la competencia) sino como una práctica diaria, una guía hacia la verdad.
Ayuda a mostrar lo que está mal, no a destruir, sino a corregir. Establecer límites acordados por todos los actores.
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La culpa no se castiga sino que se reconoce
Pero no. Para Bejarano, y para una cultura directiva con ideas similares, revelar los hechos es un ejemplo de lo que se debe evitar en el fútbol. Según este razonamiento, la conversación Matus-Torres es casi un camino típico y aceptable porque «todos lo hemos hecho en algún momento».
Desde ese punto de vista, es mejor fingir que no es nada serio, refugiarse en la ficción de que “así se habla en la cancha”. Es común utilizar este lenguaje en el fútbol.
Lo más conveniente, por el contrario, es indignarse porque alguien se atrevió a hacer público el audio y culpar al presidente de la comisión arbitral, Enrique Osces.
En el proceso, para muchos, evitan la desagradable responsabilidad de perderse en algún cajón olvidado. Fedefutbol.
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Sin embargo, en el fútbol, como en la vida, la realidad no se esconde. Enfrenta, analiza y corrige.
Pero algunos se sienten demasiado cómodos en su nostalgia absolutista -en consonancia con nuestro clima político actual- y prefieren vivir en esa ficción en lugar de pensar que el verdadero escándalo no es el audio, sino lo que revela.

