El cantautor panameño Rubén Blades, amigo cercano y colaborador histórico de Colón, anotó en Instagram: «Noticias en Internet informan que mi colega Willie Colón ha sido ingresado en un hospital de Nueva York, trasladado de urgencia allí por un aparente problema respiratorio. No tengo mucha información sobre la situación, pero le envío mis deseos».
Al final, la familia pidió privacidad para llorar el duelo. A Colón le sobreviven su esposa, Julia Colón Craig, y sus cuatro hijos.
Del Bronx al corazón de la salsa
William Anthony Colón Román nació el 28 de abril de 1950 en el sur del Bronx, Nueva York, hijo de padres puertorriqueños. Desde pequeño mostró inclinación musical: se inició con la trompeta, pero el trombón fue el instrumento que lo convirtió en un referente obligado.
A los 15 años firmó con Fania Records, el sello fundado por Johnny Pacheco y Jerry Masucci que marcaría la época dorada de la salsa. Apenas dos años después grabó su primera producción y comenzó una carrera meteórica.
Fue Pacheco quien recomendó a un joven cantante llamado Héctor Lavoe. El dúo Colón-Lavoe no sólo dominó las listas, sino que también construyó una identidad sana y estética inspirada en los gánsteres de los años veinte. Discos como The Hustler (1968), Cosa Nuestra (1970) y Lo Mato (1973) redefinieron el carácter urbano y rebelde de la salsa.
La letra abordaba la experiencia de la diáspora puertorriqueña en Nueva York, la desigualdad y los conflictos sociales. La voz de Lavoe y la arquitectura musical de Colón crearon una fórmula irrepetible.
«Siembra»: el disco que lo cambió todo
Muere la leyenda de la salsa Willie Colón a los 71 años
En 1977, Colón inició otra alianza importante al fundar Meiendo Mano con Rubén Blades. Dos años después publicaron Siembra, considerado por muchos el disco más trascendental en la historia del género.
El disco incluía himnos como «Plásico», «Buscando guayaba» y «Pedro Navaja». Este último se ha convertido en un fenómeno cultural por su narrativa urbana y su mirada cruda sobre la vida en Nueva York. Con Siembra la salsa dejó de ser sólo música de baile para consolidarse como un vehículo de reflexión social.
Colón también desarrolló una sólida carrera como solista y productor. Trabajó con figuras como Celia Cruz y apoyó el crecimiento artístico de Lavoe. Entre sus producciones se encuentran Fantasmas (1981), Corazón Guerrero (1982) y Tiempo Pa’ Matar (1983), esta última con una postura crítica hacia la Guerra de Vietnam.
En 1993 popularizó «Idilio», incluido en el disco Hecho en Puerto Rico. La canción se ha convertido en un clásico de la salsa romántica por su narrativa del amor eterno y la fusión de almas. Décadas después, todavía se reproduce en estaciones de radio latinas y en celebraciones de todo el mundo.
Paradójicamente, a pesar de haber sido nominado casi diez veces, nunca ganó un Grammy competitivo. Sin embargo, fue incluido en el Salón de la Fama Internacional de la Música Latina en 2000 y en el Salón de la Fama de los Compositores Latinos en 2019, confirmando su estatus como figura histórica.
En la introducción hablada de «Oh, qué será», dejó una frase que resuena con fuerza hoy: «Creo en muchas cosas que no he visto, y tú también, lo sé».
Un legado que no se desvanece
La muerte de Willie Colón no es sólo el final de una vida, sino el cierre simbólico de una época dorada. Su trabajo demostró que la salsa podía ser crítica, sofisticada, romántica y profundamente urbana al mismo tiempo.
Su trombón seguirá sonando en cada rincón donde la salsa encuentra un hablante y un corazón dispuesto a escuchar. Y mientras continúa el debate sobre su lugar en la historia, hay una cosa que parece indiscutible: su música ya forma parte del patrimonio cultural latino.
La incógnita que queda no es qué hizo Willie Colón por la salsa, sino qué sería de la salsa sin Willie Colón.
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