
Harold Leandro para L espectadores
Aunque se anuncia como “Avance de la civilizaciónAsociado a la modernidad, la equidad y el profesionalismo, el VAR en el fútbol costarricense ha replicado las mismas desigualdades que prometió erradicar.
El VAR se presenta como una prótesis infalible del ojo humano, una verdad mecánica, objetiva, indiscutible. Una especie de ilustración técnica viene a redimir al jurado de sus pecados humanos. ¡Un acto casi divino!
Pero la desconfianza es apropiada -como advertí Ryzard Kapuskinsky– De toda potencia que se muestre neutral. Porque la tecnología no es aséptica, está arraigada, crece y opera en campos de poder, intereses cruzados y relaciones institucionales. El VAR no flota sobre el fútbol: se hunde en él.
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Es un gran error creer que el VAR elimina la subjetividad. En realidad, el se mueve. Reemplaza la interpretación del árbitro en el campo con otra interpretación mediada por pantallas, protocolos opacos, elección de cámaras, experiencias pasadas y –sobre todo– sistemas de creencias. Un error no desaparece: simplemente desaparece puede gestionar.
Prevalece la inconsistencia en el VAR
Cuando una obra dudosa apoya a uno de los «grandes» clubes, el ritual es predecible: repeticiones infinitas, cámaras ultralentas, líneas digitales, gráficos tridimensionales y una historia televisiva que roza la teatralidad de una telenovela turca. El VAR se convierte en el héroe, casi en el héroe narrativo.
El VAR llegó a Costa Rica en la jornada 9 del Torneo Apertura 2024. Comenzó en el Estadio Edgardo Baltodano en el duelo entre Municipal Liberia y Cartagena. Foto cortesía de Fedefútbol.
Pero cuando el error beneficia al equipo «más débil» -el de la provincia que viaja en autobús y ajusta presupuestos para llegar a fin de mes- el silencio cae como un gran telón. «No hubo tiros claros». «La transmisión no lo tomó». «El protocolo no permite la publicación de audio». Traducido: La transparencia es opcional.
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Así es como funciona el espíritu no escrito del fútbol costarricense: Cuanto mayor sea el capital simbólico, mayor será la visibilidad tecnológica.. Gran club: más cámaras, más cuadros, más historia, más postpedagogía. Club pequeño: Ausencia de pruebas.
Esta asimetría no es accidental; Reproduce jerarquías históricas y consolida un sistema en el que el poder determina lo que vale la pena ver.
El VAR -prometió iluminar el campo- acaba siendo una linterna dirigida por despachos. Porque la tecnología no neutraliza la política: la amplifica. Y en Federation, cada píxel parece tener un dueño. O, en otras palabras: la transparencia depende de a quién sirve.
Gestión de espectáculos
Si nos fijamos bien, nuestro fútbol está organizado, como se describe. Pierre Bourdieu– Alrededor Capital simbólico: prestigio, credibilidad, reputación mediática, etc. El VAR no escapa a esta lógica.
La transparencia se convierte en moneda de cambio: se muestra cuando refuerza el poder y se oculta cuando se erosiona.
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Los analistas de árbitros de televisión cumplen aquí una función importante: actúan Intelectuales orgánicos del sistema.. Nunca se opondrá al VAR. Nunca dudan.
Explican decisiones discutibles con reglas recitadas como doctrinas. La duda está prohibida. Cuestionamiento, boicot.
¡Cómo extrañamos a Ramón Luis Méndez!
Se perpetúa así el mito del orden, la narrativa del arbitraje justo, la narrativa corporativa de que «todo está bajo control». pero diré Gore Vidal, No hay poder más eficaz que el poder de garantizar que sus ficciones sean ciertas..
técnica silenciosa
En esta coreografía de luces y sombras, Fedefútbol ofrece una lección involuntaria: Incluso el silencio comunica. El silencio ante una controversia no es neutralidad; Se necesita una posición. Significa: «Aquí decidimos lo que merece ser visto».
Esta pedagogía del silencio tiene profundas implicaciones. Un aficionado que antes atribuía el error de un árbitro a la casualidad, la torpeza o la estupidez empieza a sospechar algo más grave: un Estructura de poder Utiliza la tecnología como filtro narrativo.
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Porque el VAR no es sólo una herramienta: es la historia en tiempo real. ¿Quién toma las decisiones? ¿Qué audio está publicado? ¿Quién interpreta la imagen? ¿Qué se edita? ¿Cómo se archiva? Toda decisión tecnológica es en realidad una decisión política.
Circo, cuerda y teatro
Uno de los grandes mitos que sobrevive en Costa Rica fifa El VAR prohíbe la transmisión en vivo de audios. ¡Todas las mentiras son mentiras! Engaño del tamaño de la catedral.
Ver cualquier juego de Copa Libertadores Estados Unidos está para demostrarlo: audios en vivo, decisiones explicadas, verdadera transparencia.
Eso es respeto por el aficionado. Otro circo.
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Aquí, sin embargo, la Federación publica audios días después, convenientemente editados, seleccionando sólo aquellos que validan la decisión original. Y ahora es aún peor: algunos medios reproducen el asunto como “noticia” sin cuestionarlo, actuando como megáfonos de una política que roza la burla.
Legitimación en crisis
Todo uso discrecional del VAR destruye la legitimidad del fútbol nacional. La fe no se juzga: se construye. Y cuando los fanáticos perciben que se aplica transparencia acorde al escudo, surge la sospecha. Y la incredulidad es el ácido que todo lo destruye.
Ningún fanático es más peligroso que la desilusión. Porque una persona engañada no se irá: Denuncia. Hace ruido. Desagradable y ese ruido -aunque molesto- es el último resorte de dignidad para el espectáculo que es el fútbol.
Transparencia o simulación
Fedefútbol puede convertir al VAR en un símbolo de confianza: audios abiertos y «en vivo», estándares uniformes, ex árbitros independientes como analistas, conferencias de prensa sin preguntas de consentimiento, derecho a contrainterrogatorio. Pero eso significa renunciar al poder. Y Shakti, como la pelota, nadie quiere irse.
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Luego se elige la simulación: pantallas LED, discursos de “mejora continua”, jerga burocrática. Modernidad estética, opacidad estructural. VAR no árbitro: legítimo.
Las perturbaciones constantes destruyen la celebración del fútbol. Enfriar el objetivo. Burocratiza la emoción. Transforma la catarsis colectiva en un mecanismo administrativo.
la pelota no miente
Opacity VAR deja una lección desagradable: la transparencia selectiva es una forma elegante de censura. No está prohibido hablar; Cuándo y qué se decidirá.
Y mientras tanto, el fútbol -el legado emocional del costarricense- se gestiona como una propiedad privada, donde el dueño de la historia elige lo que se ve y lo que se esconde debajo de la alfombra.
Quizás algún día comprendamos que la verdadera modernidad no está en las cámaras, sino en la honestidad institucional.
Hasta entonces, seguiremos asistiendo al espectáculo del VAR: una plataforma donde todos creen ver justicia, pero sólo unos pocos conocen el guión.
Porque, al fin y al cabo, la pelota no está… pero el poder sabe mejor cómo silenciarla.
El VAR se presenta como una prótesis infalible del ojo humano, un hecho mecánico, objetivo, indiscutible. ¡Casi divino! Foto cortesía de Fedefútbol.

