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Tras el éxito de Artemisa, la NASA afronta un proyecto de recortes presupuestarios – Al Día cr

Por Stéphane Geneste

Cuatro astronautas a más de 400.000 kilómetros de la Tierra, dando vueltas alrededor de la Luna y su cara oculta: la imagen ya pasó a la historia. La misión Artemis II es un éxito tecnológico, científico y político. Sobre todo, marca el gran regreso de Estados Unidos a la exploración tripulada de largo alcance, más de cincuenta años después de las misiones Apolo. Un éxito inmediatamente elogiado por Donald Trump. Y, sin embargo, al mismo tiempo, la Casa Blanca propone una reducción drástica del presupuesto de la NASA.

La paradoja es sorprendente. El presupuesto actual de la NASA es de 24.400 millones de dólares. El proyecto de presupuesto para 2027 prevé reducirlo a 18.800 millones, lo que supone una caída del 23%. Una reducción importante, pero que hay que matizar, ya que no todas las partidas presupuestarias se verán afectadas de la misma manera. El programa Artemisa se conserva e incluso se fortalece. El objetivo es claro: permitir que los astronautas regresen a la Luna en 2028.

Cortes selectivos

En realidad, no se trata de recortar en todas partes, sino de tomar decisiones estratégicas. Y estas decisiones afectan principalmente a los programas científicos. Casi la mitad del presupuesto dedicado a la ciencia está amenazado: astrofísica, estudio del Sol, exploración robótica del sistema solar o incluso determinadas misiones climáticas.

Son zonas menos visibles, pero imprescindibles, ya que son las que preparan grandes misiones tripuladas. Sin ellos, no habría misión Artemis II. Reducir esta financiación equivale a querer construir un cohete sin invertir en los motores. Estados Unidos busca transformar su modelo espacial: la idea es pasar de una agencia pública centralizada a un ecosistema donde el sector privado juegue un papel fundamental.

Menos gobierno, más sector privado: una apuesta arriesgada para el futuro del espacio

Esta evolución ya es visible con el ascenso de SpaceX y Boeing. El objetivo es hacer más con menos dinero público, transfiriendo al mismo tiempo parte del riesgo financiero a empresas privadas. Pero la paradoja persiste.

Washington quiere volver a la luna reduciendo su gasto directo. Sin embargo, la exploración espacial es una inversión a largo plazo que genera grandes innovaciones: satélites, GPS, nuevos materiales o incluso avances médicos. En un contexto de creciente competencia, especialmente con China, esta estrategia plantea interrogantes. Especialmente cuando este presupuesto no es definitivo; El Congreso tendrá que decidir, tal como lo hizo el año pasado, cuando se rechazaron recortes similares.

Porque fuera del espacio, la NASA también representa un gran interés económico para Estados Unidos, con empleos, centros de investigación y contratos repartidos por toda la zona.

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