La situación en la que se encuentra hoy Cuba tiene su origen en un decreto publicado por el gobierno de Donald Trump en el que Washington amenaza con imponer aranceles a cualquier país que le suministre petróleo. En la mira de la administración estadounidense están México, Rusia y Argelia en particular.
Para escapar de esta represalia, México optó por una solución intermedia. Desde el puerto de Veracruz, dos buques portacontenedores de la Armada de México transportaron a Cuba más de 800 toneladas de ayuda humanitaria, compuesta por maíz, frijol y leche en polvo, informó nuestra corresponsal en México, Gwendolina Duval.
Solidaridad histórica, prudencia diplomática
Esta estrategia permite a México honrar su solidaridad histórica con La Habana y al mismo tiempo evitar una confrontación directa con Washington, como explica el analista político Adolfo Laborde: «Es una estrategia donde evitas confrontar a Estados Unidos y además luce muy bien en el contexto que tuvo México con Cuba».
La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, denunció las sanciones estadounidenses que afectan a la población cubana. “Sí habrá más apoyo. México siempre apoya, vamos a seguir apoyando y seguir haciendo todas las acciones diplomáticas necesarias para poder recuperar el cargamento de petróleo”, afirmó. Sin embargo, el gobierno mexicano no está dispuesto a arriesgar su relación con Estados Unidos por La Habana. Si bien el Tratado de Libre Comercio de América del Norte ya está debilitado, México sigue bajo presión de Washington por su política antidrogas.
«Creo que la relación con Cuba va a cambiar. Mientras exista esta amenaza del señor Trump de introducir aranceles, ya sea por el tema del petróleo, por el tema de seguridad, será muy difícil que México vuelva a ser proveedor de petróleo de Cuba», añade Adolfo Laborde.
Racionamiento y parálisis
Mientras tanto, en la isla la situación sigue empeorando. Sin ningún petrolero entrando al puerto de La Habana desde hace varias semanas, el Gobierno empezó a racionar el combustible, mientras los cubanos, que padecen escasez desde hace años, se ven obligados a conservar energía: las escuelas están cerradas, el teletrabajo se ha generalizado y algunas operaciones quirúrgicas se han pospuesto.
«Las carreteras están desiertas: ya no hay autobuses, los trabajadores no pueden desplazarse. Es cierto que todavía se ven algunos coches particulares, pero ante la escasez de combustible, los precios han subido», afirma Omar Everleny Pérez, ex director del Centro de Estudios Económicos Cubanos de la Universidad de La Habana, quien añade que la crisis ahora también afecta al suministro de alimentos. «Los productos agrícolas ya no pueden llegar a la ciudad porque no hay combustible. El resultado es que no hay casi nada para comer en las tiendas gubernamentales. Y aunque ya hay escasez de electricidad y medicinas, los residuos no se recogen… El ambiente es triste, la gente parece desesperada, no sabe qué hacer», afirma.
Según el economista, Cuba se encuentra en una situación peor que durante el «período especial» de los años 90, tras la caída de la Unión Soviética, que entonces era el principal proveedor de petróleo de la isla. «En aquella época estábamos acostumbrados a no tener dólares y no había turismo internacional ni inversión extranjera. Las medidas tomadas entonces permitieron que la economía se recuperara bastante rápido, pero ahora no tenemos nada y el turismo está colapsando», explica, mientras los pocos miles de turistas que aún quedan en la isla se agrupan en un solo hotel.
A pesar de este dominio energético, La Habana asegura mantener reservas de petróleo para sus actividades de defensa.

