
Nuevos modelos climáticos internacionales fortalecen la posibilidad del regreso del fenómeno de El Niño durante 2026. Las proyecciones muestran un calentamiento progresivo del Océano Pacífico ecuatorial que se haría más evidente en octubre.
Según los modelos estacionales del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio, el calentamiento alcanzaría su mayor intensidad entre septiembre y octubre. Algunos escenarios superan anomalías cercanas a +2 °C, abriendo la posibilidad de un evento más intenso.
Además, los modelos europeos sugieren que el calentamiento más significativo podría consolidarse en el último trimestre del año.
Mientras que el Centro de Predicción Climática de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) indicó en marzo que el evento podría ocurrir entre junio y agosto.
Pese a estas predicciones internacionales y a que El Niño está históricamente asociado a sequías, aumento de temperaturas y cambios en los patrones de lluvias en Costa Rica, el Instituto Meteorológico Nacional (IMN) evitó referirse a él, pese a varias consultas de El observador.
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La intensidad aún es incierta
Aunque algunos escenarios del modelo europeo sugieren un calentamiento más notorio, que podría generar lo que llaman un «Súper El Niño», los especialistas advierten que aún no hay certeza sobre la magnitud del fenómeno.
Los pronósticos climáticos a largo plazo cambian a medida que evoluciona la interacción entre el océano y la atmósfera. Por ello, se seguirá monitorizando la intensidad en los próximos meses.
Fuertes eventos de El Niño se presentaron en años como 1982, 1997, 2015 y 2023, provocando sequías, aumento de temperaturas y cambios en los patrones de precipitaciones en diferentes regiones del mundo.
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¿Cómo se forman estas proyecciones?
Los pronósticos climáticos a largo plazo se basan en modelos que monitorean la interacción entre el océano y la atmósfera en el Océano Pacífico ecuatorial. Estos sistemas permiten detectar anomalías en la temperatura del mar y su posible evolución en los próximos meses.
Así lo explicó Rodrigo Castillo, del Centro de Investigaciones Geofísicas (Cigefi) de la Universidad de Costa Rica, quien explicó que este tipo de pronósticos se construyen con múltiples simulaciones climáticas.
«Este tipo de modelo permite hacer predicciones climáticas con varios meses de antelación. En el caso del modelo de la NOAA, la ventana de previsión alcanza unos nueve meses», afirmó el experto.
Además, Castillo indicó que los científicos comparan diferentes modelos internacionales para validar tendencias. Estos incluyen sistemas del Centro Europeo y el Centro de Predicción Climática de Estados Unidos.
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Posibles efectos en Costa Rica
El impacto del fenómeno dependerá del momento en que se consolide. En Costa Rica, El Niño suele cambiar los patrones de viento, lluvia y temperatura, con efectos que se pueden sentir en diferentes épocas del año.
«Cuando se presentan condiciones de El Niño, los vientos alisios tienden a fortalecerse. Esto genera un cambio en la velocidad y dirección del viento y dificulta la formación de sistemas ciclónicos», explicó Castillo.
Como resultado, la temporada de huracanes en el Atlántico tiende a debilitarse, mientras que en el Pacífico se pueden registrar más ciclones.
Al mismo tiempo, este patrón atmosférico provoca cambios en la distribución de las precipitaciones en el territorio nacional.
- Vertiente del Pacífico: Los vientos más fuertes reducen el transporte de humedad desde el océano, lo que a menudo resulta en condiciones más secas de lo normal.
- Vertiente Caribeña: El fortalecimiento de los vientos alisios favorece la entrada de humedad, por lo que las precipitaciones pueden aumentar.
Además, durante la estación seca el fenómeno puede favorecer temperaturas más altas. Esto sucede porque el debilitamiento del transporte de humedad permite una mayor radiación solar y cielos más despejados.

