«En ocasiones dolorosas y específicas, no supimos cuidar del rebaño que se nos ha confiado con suficiente vigilancia y ternura. Y no estamos hablando sólo del delito de abuso sexual. Hay también abuso de poder, de conciencia, de autoridad espiritual. Todo esto hiere el rostro de Cristo y oscurece lo que debemos hacer transparente».
De esta manera, el presidente de la Conferencia Episcopal de Costa Rica, monseñor Javier Román, reconoció varios abusos registrados al interior de la institución religiosa.
«Lloramos por las víctimas y sus familias. Soportamos la vergüenza pública y vimos crecer la desconfianza», dijo.
«Hay que decirlo sin rodeos, el flagelo del abuso es una traición al Evangelio, una herida abierta al cuerpo de Cristo y una ofensa grave contra los pequeños y vulnerables que el Señor nos ha confiado», añadió.
La intervención de Román tuvo lugar en el V Congreso Latinoamericano del Centro Interdisciplinario de Investigación y Capacitación para la Protección de Menores (Ceprom) que este año reúne en San José a 400 representantes que abordan el tema de los delitos sexuales en diversas diócesis de la región, bajo el lema: “Reparando el daño: entre la fe que sostiene, el cuidado que acompaña y la justicia que restaura”.
En su discurso, el líder del catolicismo incluso ofreció disculpas en nombre de la Iglesia.
«La Iglesia no es una institución como cualquier otra, es el lugar donde todos debemos sentirnos seguros, amados, cuidados y acogidos. Por eso duele ver cuántos se alejan después de estos acontecimientos, pierden la fe y abandonan a Dios», afirmó.
«Debemos reconocer humildemente nuestra responsabilidad. Por eso hoy también pido perdón desde el fondo de mi corazón», dijo.
Protección y atención a los denunciados
El mensaje de Román, quien actualmente es obispo de Limón, también tuvo un espacio para los perpetradores y los imputados.
Primero, sostuvo que podrían existir denuncias falsas que requieran una revisión de los procesos.
«Cuando reciban denuncias formales, con testigos, pruebas y fundamentos serios, debemos actuar sin miedo. Debemos cooperar con las autoridades civiles y aceptar responsabilidades. No hacerlo traicionaría nuestra misión», afirmó.
Dijo en su momento que «actuar con firmeza no destruye a la Iglesia, la purifica», y también sostuvo que se debe dar el debido proceso.
«También hay quejas que no se sostienen. Llegan y hay que decirlo con la misma claridad.
Hay acusaciones infundadas que pueden destruir el honor de personas honorables”, indicó.
«Así como defendemos a las víctimas cuando hay pruebas, estamos obligados a proteger la dignidad de aquellos injustamente acusados. La justicia requiere procesos serios, no condenas tempranas ni audiencias mediáticas. Exige verdad, no rumores», continuó.
Monseñor Román pide clemencia para los abusadores
En el discurso de Román también se pidió abordar a los perpetradores desde el punto de vista de la fe.
«Hay otra realidad que no podemos ignorar. Cuando un sacerdote o una monja cae, a menudo desaparece de nuestra memoria. Nos incomoda, nos avergüenza, pero sigue siendo un hijo de la Iglesia», afirmó.
«Ciertamente debe aceptar las consecuencias civiles y canónicas. Es todavía un alma que necesita conversión y guía», afirmó.
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Según el obispo, es necesario visitarlo, orar por él y brindarle asistencia espiritual.
«Como no podemos abandonar a la persona que fue víctima, tampoco podemos hacerlo con el culpable. A la víctima le debemos justicia y reparación. Al culpable, además de la curación, un camino serio de conversión que al final es auténtica gracia cristiana», añadió.

