

El inusual comportamiento climático que caracterizó los primeros meses de 2026 en Costa Rica, con menores temperaturas y precipitaciones inusuales, responde a la interacción de varios fenómenos atmosféricos de gran escala, como la influencia de La Niña, cambios en el vórtice polar y una entrada temprana de polvo del Sahara.
Así lo explicó Rodrigo Castillo, investigador del Centro de Investigaciones Geofísicas y del Laboratorio de Física e Ingeniería Atmosférica de la UCR.
“Desde diciembre hemos experimentado temperaturas bastante bajas e incluso un patrón de precipitaciones bastante atípico para nuestra temporada seca. Esto ha respondido principalmente a condiciones de La Niña y a una fase negativa de la Oscilación Ártica superpuesta a este fenómeno”, explicó Castillo.
Según el experto, la coincidencia de diversas fuerzas atmosféricas cambió temporalmente la circulación habitual que domina el clima del país durante los primeros meses del año.
Así llegó a Cartago la mañana del domingo 1 de febrero por influencia del frío fuerza 13. (Foto Hermes Solano/).
La influencia de La Niña
Uno de los factores clave fue la persistencia de las condiciones asociadas al fenómeno de La Niña. Aunque en Costa Rica el IMN ha señalado que no se ha llegado al acuerdo necesario para declararlo.
Durante esta fase, el enfriamiento de las aguas del Océano Pacífico ecuatorial modifica la circulación atmosférica tropical y puede cambiar la distribución de las precipitaciones y las temperaturas en diferentes regiones del planeta, incluida Centroamérica.
Castillo explicó que estas condiciones comenzaron a debilitarse a partir de marzo, lo que indica una transición hacia un escenario neutral.
«Para este mes esperaríamos que estas condiciones de La Niña comiencen a transitar a condiciones neutrales», indicó.
Este cambio tiene implicaciones importantes para la circulación atmosférica en el hemisferio norte.
Según el investigador, la transición favorece la Intensificación del paso del chorro subtropical por México. Se trata de una corriente de aire en niveles altos de la atmósfera que puede actuar como barrera al avance de frentes fríos hacia latitudes más bajas.
«Cuando este chorro se fortalece, se hace más difícil que los sistemas frontales del hemisferio norte desciendan al Mar Caribe o alcancen regiones tropicales como Costa Rica», señaló.
El vórtice polar y la oscilación ártica
Otro elemento importante en la explicación es la Comportamiento del vórtice polar árticouna gran circulación de aire frío que rodea el Polo Norte en la atmósfera superior.
«Durante los meses anteriores, este sistema mostró signos de debilitamiento, permitiendo que masas de aire frío escaparan hacia latitudes más bajas», subrayó Castillo.
Este proceso contribuyó a que frentes fríos y sistemas frontales tuvieran mayor influencia sobre el Caribe y Centroamérica, provocando condiciones más frías y lluviosas de lo habitual.
Sin embargo, Castillo explicó que el panorama está cambiando.
«A partir de marzo experimentaremos una intensificación de los vientos asociados a este vórtice, restringiendo aún más las masas de aire frío e impidiendo su desplazamiento a latitudes tropicales», señaló.
Este fortalecimiento también se refleja en el índice de Oscilación Ártica, un indicador que mide las variaciones de la presión atmosférica entre el Ártico y las latitudes medias.
Según el especialista, cuando la Oscilación Ártica se encuentra en fase positiva, como se espera para marzo, el vórtice polar tiende a permanecer más compacto y las masas de aire frío quedan confinadas en regiones cercanas al Polo Norte.
Como resultado, disminuye la probabilidad de que masas de aire frío afecten el clima en las regiones tropicales.
(Foto Mariana Mena/).
Polvo del Sahara
En estos procesos hay otro factor relevante: la llegada temprana de polvo del desierto del Sahara.
Esta sustancia está formada por partículas minerales transportadas por las corrientes atmosféricas desde África hasta el Océano Atlántico y el Caribe.
«Entonces, este cambio que se está produciendo en el patrón anómalo que sentíamos en meses anteriores es producto de una activación previa de la entrada de polvo del Sahara», confirmó.
Castillo explicó que estos aerosoles actúan como inhibidores de la convección, proceso por el cual el aire caliente asciende y favorece la formación de nubes de lluvia.
«El polvo del Sahara es un aerosol que se mueve con el viento y actúa como inhibidor de las precipitaciones. Actúa como un núcleo anticonvectivo», explicó el investigador.
Cuando estas partículas están en la atmósfera, tienden a estabilizar el aire y reducir la formación de tormentas.
La presencia de esta sustancia, combinada con la transición de La Niña y el fortalecimiento del vórtice polar, contribuye a la creación de condiciones más secas y con mayor presencia de aire claro.
Se esperan condiciones más estables en Costa Rica durante marzo. (Archivo de fotografía/observador).
¿Qué se espera para marzo y abril?
Según el análisis atmosférico presentado por el especialista, Costa Rica ya ha comenzado a experimentar un cambio hacia condiciones más cálidas.
«Los registros muestran un aumento de las temperaturas cerca de la superficie, tendencia que se mantendría durante marzo y abril», destacó.
Como resultado, se espera que ambos meses exhiban un comportamiento más cercano al patrón normal de la estación seca.
Al mismo tiempo, se espera una disminución gradual de la intensidad de los vientos alisios.
Esta disminución de los vientos, tanto en el Caribe como en el Pacífico, favorecerá condiciones atmosféricas más estables.
«Como resultado, el país experimentará cielos más despejados y menores precipitaciones, con lluvias aisladas principalmente en zonas montañosas», dijo Castillo.
El análisis también muestra que la mayor actividad de lluvias se concentrará más al norte del Caribe, en regiones como las Antillas Mayores y el norte de Centroamérica.
Mientras tanto, Costa Rica y Panamá permanecerán bajo un patrón más seco durante marzo y abril.
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