El embarazo y la lactancia no sólo cambian el cuerpo y la vida de las mujeres: también pueden dejar una huella duradera en el cerebro.
Así lo indica un amplio estudio científico publicado por la revista Alzheimer’s Association, que analiza los efectos a largo plazo de la maternidad en la salud cognitiva femenina.
Los investigadores observaron que las mujeres que estaban embarazadas y amamantaban mostraban mejores niveles de memoria y función cognitiva en la vejez que aquellas que no lo hacían. Si bien los beneficios encontrados no son de gran magnitud, pueden ir acompañados de hábitos como no fumar y realizar actividad física.
Esta investigación evaluó a más de 7.000 mujeres mayores de 70 años, a quienes se les dio seguimiento por un período de hasta 13 años a través de entrevistas y pruebas cognitivas periódicas.
Según los investigadores, este es el primer estudio longitudinal a gran escala que examina cómo el embarazo y la lactancia materna se relacionan con el rendimiento cognitivo en etapas posteriores de la vida.
Los hallazgos desafían la noción popular de que el llamado «cerebro materno» está en declive permanente. Es un fenómeno real y temporal, que se manifiesta en problemas de concentración, confusión y olvidos.
Según el estudio, esta cuestión cobra especial relevancia en un contexto en el que los cambios demográficos son muy rápidos y las tasas de natalidad han disminuido.
Una maternidad que también moldea el cerebro
Las enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer y otras formas de demencia afectan en mayor medida a las mujeres, en parte porque tienden a vivir más que los hombres. El riesgo también aumenta significativamente después de la menopausia.
Aquí es donde la maternidad puede suponer una ventaja para aquellas mujeres que la han experimentado. El estudio sugiere que el cerebro de los mamíferos ha evolucionado para reorganizarse estructural y funcionalmente durante el embarazo y la lactancia.
Durante el embarazo y el posparto, las mujeres sufren una disminución del rendimiento cognitivo que puede durar hasta 32 semanas. Sin embargo, según los datos, los efectos a largo plazo parecen ir en la dirección opuesta.
En este contexto, los investigadores probaron dos hipótesis principales: si un mayor número de meses de embarazo se asocia con un menor deterioro cognitivo, y si lo mismo ocurre durante la duración de la lactancia.
Los resultados muestran que las mujeres que alguna vez estuvieron embarazadas obtuvieron mejores calificaciones en promedio en las pruebas cognitivas globales. En particular, cada mes adicional de embarazo se asoció con una mejor función cognitiva general en la vejez.
En el caso de la lactancia materna, el efecto fue aún más amplio: cada mes adicional se relacionó con mejores resultados en la memoria verbal, la memoria visual y el rendimiento cognitivo global.
Los autores destacan que, durante los periodos de embarazo y lactancia, la atención tiende a centrarse casi exclusivamente en el desarrollo cognitivo del infante, dejando atrás los profundos procesos de reorganización neurológica que atraviesa la madre.
A resultados limitados por las muestras.
A pesar de la solidez del tamaño de la muestra y del seguimiento longitudinal, los investigadores advierten que se trata de un estudio observacional. Esto significa que no nos permite establecer un vínculo causal directo entre la maternidad y una mejor salud cerebral.
Además, la mayoría de los participantes eran mujeres blancas que vivían en los Estados Unidos, lo que limita la generalización de los resultados a otras poblaciones. Diferencias genéticas, culturales y de hábitos, como la nuestra en Costa Rica, pueden mostrar resultados diferentes.
Estos resultados no implican una recomendación sobre decisiones reproductivas, pero sí abren nuevas preguntas sobre cómo la maternidad puede afectar la salud cerebral a largo plazo, en un contexto de envejecimiento poblacional y aumento de enfermedades neurodegenerativas.

